CIEP-UCR: triunfo de Rodrigo Chaves se alimentó de ocho de cada diez votantes del PUSC y de Fabricio Alvarado

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Álvaro Murillo (Semanario Universidad)
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Encuesta del CIEP tras la segunda ronda muestra fuertes flujos desde febrero hasta abril que sustentaron el triunfo del candidato del PSD. Casi una cuarta parte de votantes de segunda ronda tomaron su decisión para evitar la victoria del otro.
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La gran mayoría de los votantes del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) y de Fabricio Alvarado (Nueva República) en febrero nutrieron la victoria de Rodrigo Chaves en la segunda vuelta electoral del 3 de abril sobre José María Figueres, del Partido Liberación Nacional (PLN).

Fueron ocho de cada diez votantes de Alvarado y de Lineth Saborío (PUSC) los que se inclinaron por el candidato del Partido Progreso Social Democrático (PPSD) y lo catapultaron a la Presidencia de la República a partir del 8 de mayo.

Esto lo muestra la encuesta de seguimiento electoral realizada por el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) después de la elección de segunda ronda, sobre la base de 578 entrevistas entre el 5 y 6 de abril.

Aunque Chaves también se alimentó de parte de los votantes de Eliécer Feinzaig (Partido Liberal Progresista, PLP) y una parte de los simpatizantes de José María Villalta (Frente Amplio), el grueso de la votación de Chaves (1.035.388 votos) provino del PUSC, de Nueva República y por supuesto de casi todos los 351.453 electores que le permitieron obtener el segundo lugar en febrero y así pasar al balotaje.

Figueres, en cambio, recogió menos volumen de otros candidatos presidenciales y le resultó imposible superar a su adversario de la segunda ronda. Atrajo a la mitad del caudal de Feinzaig y el 60% de los de Villalta, pero incluso perdió en abril a uno de cada 10 votantes que tuvo en febrero.

El estudio de CIEP-UCR, con margen de error de 4,1 puntos porcentuales, permite a los investigadores concluir que Rodrigo Chaves se benefició de una suma popular “amplia, plural y diversa”, pero precisamente por eso es también vulnerable, tanto o más que las que propiciaron en 2014 y 2018 los triunfos del Partido Acción Ciudadana (PAC) en la elección presidencial.

“La victoria del PSD se materializó a partir de la atracción del voto anti-PLN, es decir de votantes que sufragaron por otras banderas políticas en febrero 2022, un factor que le permitió a Rodrigo Chaves revertir el resultado de la primera ronda”, indica el informe de CIEP-UCR.

Uno de cada cinco votantes de Chaves contestó que lo hizo por oponerse al expresidente Figueres, aunque otros motivos fueron más mencionados: propuestas, formación profesional, personalidad o provocar un cambio.

Entre votantes de Figueres, un 14% dijo que su propósito fue evitar el triunfo de Chaves, por debajo de factores como la experiencia del candidato del PLN y sus propuestas.

En la muestra general, fue casi un 25%, o uno de cada cuatro entrevistados, la representación de los electores que se inclinaron por su candidato para evitar que ganara el otro. “Lo que no deja de ser relevante”, indica el reporte del estudio.

Por características del votante, Chaves triunfó en casi todos los segmentos, pero las mayores ventajas provinieron de la población de entre 34 y 54 años, las personas que solo tienen estudios formales en primaria y quienes habitan en las provincias Puntarenas, Limón y Heredia. Además, el respaldo fue aún mayor en hombres que en mujeres.

Entre los votantes de Chaves, el 74% mencionó que el candidato era más importante que el partido, frente a un 20% que señaló al debutante PPSD. En el caso de Figueres hay cifras distintas: 57,6% priorizó al candidato y 36,5% al histórico PLN.

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Mitad del abstencionismo fue político

Motivaciones de índole política propiciaron la mitad del 43% de abstencionismo registrado en la segunda ronda electoral, el 3 de abril, una cifra récord en casi 70 años en el país.

La encuesta del CIEP-UCR señaló como principal factor el desagrado que generaban las candidaturas de Rodrigo Chaves y de José María Figueres, con el 38,4% de los entrevistados que se abstuvieron de votar.
Eso se suma a un 7% que dice que no confía en los políticos porque no cumplen sus promesas y a un 4% que dice estar desilusionado de la clase política.

La otra mitad de los abstencionistas arguyó razones logísticas, como una supuesta larga distancia entre la casa y el centro de votación, sospechas o diagnóstico de COVID-19 o obligaciones laborales durante la jornada electoral.

El 43% de ausentismo de la segunda ronda estuvo precedido por el 40% de la primera vuelta, a pesar de que en esa fase hubo 25 candidaturas presidenciales, la cifra más alta en la historia del país.

Una parte de los abstencionistas tuvo intención de votar, pero a fin de cuentas no halló razones suficientes para dar su respaldo a uno u otro candidato, mientras una porción considerable del electorado sí logró decantarse en la parte final de la campaña.

Este grupo representa un 28% del total de votantes, que es la suma del 16% que reportó haberse decidido el propio día de la elección y el 12% que señaló que fue en algún momento de la semana final.

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