Es incorrecto comparar variante ómicron con “catarro”, como lo hizo Rolando Araya

Avatar por defecto
Silvia Molina
- doblecheck@ucr.ac.cr

En resumen: La evidencia científica disponible es insuficiente para equiparar la infección de COVID-19 ocasionada por la variante ómicron con un “catarro”, tal como lo hizo el candidato presidencial Rolando Araya.

La evidencia disponible muestra que la mayor parte de manifestaciones clínicas de esa nueva variante del coronavirus se presentan como una infección leve. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que los datos son aún limitados para obtener conclusiones definitivas sobre la variante ómicron.

La presentación clínica de la infección por ómicron depende de la combinación de varios factores, como vacunación, infección previa, genética de la persona infectada, condiciones de fondo y acceso oportuno a servicios de salud.  Estos factores aún no han sido identificados con claridad, por lo que no se puede asegurar que todas las personas enfermas tendrán un cuadro clínico similar.

¿Qué dijo Rolando Araya?

Rolando Araya Monge, candidato presidencial del Partido Costa Rica Justa, criticó la vacunación contra la COVID-19 en menores de edad durante el debate organizado por el Tribunal Supremo de Elecciones el pasado 11 de enero. Araya comparó la nueva variante del coronavirus con un “catarro”.

“Estoy totalmente de acuerdo con Óscar López en lo que acaba de decir, y también con el doctor Christian Rivera que mencionó corrupción en el manejo de muchas de las cosas que se han estado dando ahora con lo de la pandemia. No se debe repetir otra vez lo que se ha estado haciendo. Y mucho menos imponer obligatoria la vacuna, implicar a los niños en la vacuna y otras cosas cuando ya nos están diciendo que el ómicron es nada más que un catarro. Me parece que ya es un exceso que debemos detener”, dijo el candidato.

Doble Check contactó a la campaña de Rolando Araya para conocer la fuente en que se basó para esa comparación, pero no se obtuvo respuesta oportuna.

Ómicron es más contagiosa

La predicción a partir de los cambios estructurales indica una infectividad 13 veces mayor que el coronavirus original. También se ha visto que ómicron es 2.8 veces más infecciosa que la variante delta. La variante ómicron presenta más de 30 cambios en la estructura de la proteína de la espícula, que teóricamente le confieren una mayor infectividad y afinidad con las células humanas.

Un estudio epidemiológico que incluyó cerca de 35.000 personas en Sudáfrica –sitio donde se identificó por primera vez la variante ómicron– concluyó que la variación tiene un mayor potencial de evadir la inmunidad conferida por infecciones anteriores con las variantes delta y beta, y que eso puede aumentar la probabilidad de causar reinfecciones.

“Las estadísticas que tenemos apoyan la idea de que la variante ómicron tiene una mejor capacidad para transmitirse, pero esto siempre hay que verlo en el contexto de que hay menos restricciones [de movilidad] en general. La estadística nos dice que tiene una mayor tasa de contagio pero siempre hay que ver el contexto social”, explicó José Molina, microbiólogo que coordina el proyecto de análisis genómico del coronavirus desde la UCR.

¿La variante ómicron es menos severa?

La evidencia disponible muestra que la mayor parte de las manifestaciones clínicas de esta nueva variante se presentan como una infección leve, con síntomas que incluyen dolor de cabeza, de cuerpo y muscular generalizado, tos, fiebre y fatiga severa.  Además, infecta una mayor proporción de adultos jóvenes que las variantes anteriores.

Se ha observado que la variante omicron se replica hasta 70 veces más rápido en bronquios que el coronavirus SARS-CoV-2 original y la variante delta, pero mucho más lento en pulmones. Esta diferencia en los sitios de replicación del virus puede explicar una presentación clínica menos severa.

Eso sí, la comparación entre la enfermedad ocasionada por la variante ómicron y el “catarro” también proviene de información anecdótica. Hay testimonios de que la infección con esta variante es más leve en adultos pero más severa en niños, aunque esos indicios pueden ser contradictorios.

Hay que tener en cuenta que existen distintos factores que pueden confundir sobre la naturaleza de la variante, como la cobertura de vacunación, características demográficas de la población, infraestructura de salud, y hasta el mismo clima o estación del año.  Se requieren estudios sistemáticos para determinar si existe una diferencia entre las manifestaciones clínicas que pueda atribuirse directamente a cambios en el virus.

La última actualización sobre la severidad de las manifestaciones clínicas (hospitalización, necesidad de oxígeno, ventilación mecánica o muerte) por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que los datos son aún limitados para obtener conclusiones definitivas sobre la variante ómicron.

La OMS destaca fuentes que sugieren que el porcentaje de hospitalización es menor en las personas infectadas con ómicron en comparación con la variante delta.  Sin embargo, se proyectó que habría una mayor cantidad absoluta de pacientes hospitalizados debido a la transmisibilidad aumentada del virus. En dos estudios realizados en Sudáfrica, se halló una menor proporción de hospitalizaciones y muertes y una menor asociación de riesgo con enfermedad severa. En Inglaterra, se reportó un aumento en las hospitalizaciones y las muertes en cantidades absolutas pero, proporcionalmente, los datos en Inglaterra, Escocia y Dinamarca indican que las infecciones con ómicron tienen menor riesgo de hospitalización que las infecciones con delta.

Aún así, no está claro si esta disminución se debe a un nivel mayor de protección por las vacunas y la infección previa con otras variantes del coronavirus.  La OMS también sugiere cautela en esas interpretaciones debido al rezago que existe entre el momento de la infección y el inicio de las manifestaciones clínicas, ya que estos datos corresponden a etapas tempranas en relación con la llegada de la variante en estas poblaciones. Por otro lado, la hospitalización es solo uno de los indicadores de severidad. Hacen falta datos de otros aspectos como la necesidad de oxígeno suplementario o de ventilación mecánica.

Entonces, ¿es incorrecto compararla con un catarro?

Es incorrecto hacer estas afirmaciones porque aún no se cuenta con datos concluyentes para respaldarlas. Los datos preliminares en algunas poblaciones sugieren un comportamiento clínico más leve en general, pero no se puede afirmar que este vaya a ser el caso en todas las poblaciones o en todas las personas infectadas.

Tal como se ha identificado para las otras variantes del virus SARS-CoV-2, la presentación clínica de la infección por ómicron dependerá de la combinación de varios factores (vacunación previa, infección previa, genética de la persona infectada, dosis infectante, condiciones de fondo, acceso oportuno a servicios de salud, etc).  Muchos de estos factores aún no han sido identificados, y no se puede asegurar que todas las personas infectadas tendrán un cuadro clínico similar.

“Hay personas que están teniendo una sintomatología como si fuera una gripe común. La diferencia entre estos padecimientos es que casi la totalidad de personas que tienen un resfrío no van a llegar a un estado de gravedad, incluso con factores de riesgo. Eso no sucede con la COVID-19: aunque sea un pequeño porcentaje, hay un sector de la población a quienes sí les va a complicar la existencia. La saturación de servicios de salud no la vamos a ver con resfríos”, advirtió el investigador José Molina.

Por otro lado, estudios documentados han descrito una afectación desproporcionada de las infecciones por la variante ómicron en población pediátrica.  Una de las potenciales complicaciones de la COVID-19 en infantes y adolescentes es el síndrome de inflamación multisistémica (MIS-C), que se caracteriza por fiebre y fallo de múltiples órganos.

Publicaciones científicas disponibles señalan que esta afección requiere de hospitalización en 80% de los casos y tiene una mortalidad de 2%, . Al aumentar los casos de COVID-19 en esta población, podría producirse un aumento en el número de complicaciones, incluyendo el MIS-C, al igual que ha sucedido en olas pandémicas anteriores.

Un reporte reciente de Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos advierte que personas menores de 18 años tienen una mayor probabilidad de ser diagnosticadas con diabetes en los 30 días siguientes a la infección con SARS-CoV-2 que las personas no infectadas o aquellas con infecciones respiratorias agudas por otros agentes infecciosos. Los mecanismos patológicos detrás de este hallazgo no se conocen aún y deben ser investigados.  Al ser una infección nueva, aún existen muchas interrogantes sobre las consecuencias crónicas y los efectos tardíos, por lo que se debe tener mucha cautela y esperar más datos y estudios antes de calificar el cuadro patológico como “simple” o inocuo.

 

 

Nota del editor: Silvia Molina es Doctora en Microbiología e Inmunología de la Universidad de Bordeaux, Francia. Desde el 2008, es docente de la cátedra de Enfermedades Infecciosas y del departamento de Bioquímica de la Escuela de Medicina de la UCR. También es investigadora del programa de Epidemiología del Cáncer del Instituto de Investigaciones en Salud (INISA) de la UCR. Ella forma parte de un proyecto de colaboración entre la Escuela de Medicina de la UCR y Doble Check para verificar desinformación en materia de salud.

0:00
0:00
Lista de Reproducción