Así fueron los clústers de covid-19 en Costa Rica hasta el mes en que se desbordó la pandemia

Hulda Miranda y Rigoberto Carvajal (hulda.miranda@ucr.ac.cr)

Una actividad social y un hospital fueron los orígenes de los conglomerados de covid-19 más grandes del país en los primeros meses, pero este tipo de clústers no fueron los más comunes. ¿Cómo se propagó el virus? Explore en las visualizaciones de este especial.  (Si no puede ver las visualizaciones, por favor revise la conexión y refresque la página). 

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Un rompimiento de burbujas sociales que ocurrió en San Carlos de Alajuela, en junio, originó una cadena de contagios de covid-19 que abarcó en total a 151 personas.

Ese clúster de tipo “social” fue el más grande que se registró durante los primeros cuatro meses de pandemia en el país, entre marzo e inicios de julio, cuando las autoridades todavía podían seguir el rastro a la mayoría de las transmisiones.

En ese periodo, el virus SARS-Cov-2 (causante de la enfermedad covid-19) se propagó en 147 clústers que iniciaron principalmente en espacios laborales y en asentamientos informales (precarios, según detalle que dio Salud).

En julio la cantidad de pacientes se disparó y el Ministerio de Salud reconoció la imposibilidad de rastrear todos los nexos de transmisión. Desde que se confirmó la primera paciente, el 6 de marzo, hasta el martes 15 de setiembre, el país sumó 58.137 casos acumulados. El 10 de julio el rezago en el seguimiento llegó al 65% y no se han brindado actualizaciones detalladas.

Un clúster es un grupo de cinco o más individuos que comparten el origen del contagio, según explicó meses atrás el ministro de Salud, Daniel Salas.

Dentro de un clúster pueden existir distintos nexos de transmisión. Por ejemplo, una persona ingresa al país con el virus y contagia a dos familiares y a dos compañeros de trabajo. Las cinco personas pertenecen a un mismo conglomerado de origen “importado”, pero dos nexos de contagio son por “familia” y dos por “trabajo”.

El registro por clústers se emplea para intentar rastrear todos los contactos de una misma fuente de infección y así contener la propagación, como parecía hacerlo el país hasta el mes de julio, lo que le mereció incluso el reconocimiento internacional.

Hasta el 5 de julio se contabilizaban 5.084 personas enfermas de covid-19 en Costa Rica. De ellas, 4 de cada 10 fueron parte de algún clúster.

Otros 1.783 son casos independientes, de los cuales casi en su totalidad el Ministerio de Salud desconoce cómo adquirieron el virus. También hay 697 personas a quienes la covid-19 les llegó en pareja o en pequeños grupos de tres y cuatro, por lo que no se consideran clústers. En este grupo se concentran los casos importados.

Estos hallazgos surgen de un análisis elaborado por el científico de datos, Rigoberto Carvajal, en colaboración para Interferencia de Radioemisoras UCR.

Para el estudio se empleó una base de datos que publicó el Ministerio de Salud el 4 de setiembre, obligado por la Sala Constitucional tras un recurso de amparo interpuesto por Interferencia.

La entidad entregó registros de apenas el 9% de la cantidad de pacientes que hay en este momento, alegando que el resto de la información no se encuentra sistematizada y que se actualizará cada dos meses.

La fecha de corte para los datos publicados coincide con el momento en que se desbordó la pandemia en el país. El 2 de julio, el Ministerio de Salud declaró la transmisión comunitaria de manera “precautoria” por la “imposibilidad material” de darle seguimiento a todos los casos.

Ese mes pasó de iniciar con 3.753 pacientes y 16 fallecidos relacionados con covid-19, a finalizar con 17.820 casos acumulados y 150 fallecimientos. Hasta ayer se contabilizaron 633 muertes vinculadas a la pandemia.

Propagación

La actividad de tipo “social” realizada en San Carlos de Alajuela, en junio, tuvo efectos en 11 distritos de cuatro cantones. La mayoría de las personas enfermas se ubicaron en La Fortuna.

La categoría “social” se emplea cuando se trata de “convivencia o relaciones de individuos no familiares o de distintas burbujas familiares que no conviven en la misma vivienda”, según el Ministerio de Salud. Esto incluye noviazgos, fiestas, convivios en asentamientos informales, actividades deportivas, religiosas y culturales, entre otras.

Dentro de ese conglomerado de 151 personas hubo distintas formas de transmisión: 43% se contagiaron por relación laboral, 36% por contacto familiar y 19% por vínculo social.

El segundo foco de infección más grande  fue de origen hospitalario, en Alajuela, en marzo, al inicio de la pandemia.Se extendió a 122 personas en 61 distritos de 29 cantones y, más de tres meses después, seguían apareciendo pacientes relacionados al mismo punto de origen.

En ese clúster, 72% de las transmisiones fueron en el trabajo y 18% por vínculo familiar.

Precisamente en ese centro hospitalario trabajaba un médico que fue uno de los primeros pacientes de covid-19 en el país y luego falleció. Él había ido a recoger a una tía en Panamá y presentó síntomas días después de regresar.

Antes de ser diagnosticado el médico tuvo contactos con alrededor de 170 personas, tanto de su ambiente laboral en el hospital de Alajuela como de su entorno personal, según reporte que dio Salud. Una semana después de su internamiento, se registraron al menos 17 casos relacionados.

Los datos entregados por Salud a Interferencia no permiten relacionar los registros con personas específicas porque se encuentran anonimizados en resguardo de la privacidad de los pacientes.

Aunque la actividad de San Carlos y el hospital de Alajuela fueron el punto de origen de los dos focos más grandes de contagio en el periodo analizado, en realidad los clústers por actividades sociales o relacionados con hospitales fueron pocos, pero generaron cientos de transmisiones.

Solo hubo seis clústers surgidos en hospitales y cuatro de tipo social; sin embargo, los primeros generaron 275 pacientes y las reuniones sociales desembocaron en 233 personas enfermas del nuevo coronavirus.

En cambio, la mayor cantidad de focos de infección se originaron en espacios de trabajo y en precarios o poblados.

Los 37 clústers nacidos a partir de una actividad laboral infectaron en total a 790 personas. El más grande en esta categoría inició en mayo, en Cartago. En total, 79 personas de las 7 provincias del país (principalmente en Alajuela) contrajeron la enfermedad en este conglomerado, en el cual se registraron varios pacientes que habían viajado a Centroamérica.

Por esas fechas, las autoridades informaron sobre focos relacionados con transportistas, tanto nacionales como extranjeros, quienes en ocasiones incluso tuvieron que realizar grandes filas en la frontera norte del país.

En junio hubo un clúster de tipo laboral, con nexos de transmisión también de tipo familiar y social. Se contagiaron 60 personas en las provincias de Heredia, Alajuela, San José y Limón.

Mientras que otro conglomerado de 60 personas se ubicó en Los Chiles de Alajuela, en junio. En ese momento se informó sobre operativos de Salud y Seguridad en empresas agrícolas de la zona norte. Una compañía piñera fue clausurada luego de que se detectaron 21 enfermos.

En este tipo de labores, durante años se ha empleado mano de obra nicaragüense sin que se les garanticen condiciones como un salario mínimo, seguro social o salubridad en sus espacios de trabajo. Incluso se han detectado trabajadores en condición migratoria irregular, quienes por temor a ser deportados y por la necesidad de empleo aceptan precarias condiciones laborales.

Los clústers surgidos en precarios o poblados fueron la segunda categoría con más contagios. La mayoría se concentró en el Gran Área Metropolitana, en lugares donde la aglomeración de personas, la mala infraestructura de vivienda y la necesidad de salir a trabajar confluyen para propiciar la propagación del virus.

En 34 clústers surgidos en esos primeros cuatro meses en precarios o poblados se enfermaron 688 personas.

El más grande inició con el diagnóstico de una mujer embarazada, vecina de La Uruca, San José, a mediados de mayo, sin que se conociera cómo contrajo el virus.

Solo ese mes se identificaron a 17 personas como parte de ese conglomerado. En junio hubo cinco casos más vinculados al clúster, pero en julio los alcances de ese contagio alcanzaron a 59 personas más, casi todas ubicadas en La Uruca.

La forma de contagio más frecuente dentro de ese conglomerado fue de tipo social, seguido por el vínculo familiar.

En esos meses Salud informó sobre personas de precarios como La Carpio, las cuales serían trasladadas a albergues por carecer de las condiciones de salubridad en sus casas para mantenerse en confinamiento.

En Pavas, distrito del cantón josefino, se registraron seis clústers de tipo “precario”, de los cuales en conjunto derivaron 138 personas enfermas. Aunque esos no fueron los únicos en ese distrito. En Pavas en total hubo presencia de 23 clústers con 209 personas contagiadas.

A finales de junio en este distrito hubo alerta de una posible transmisión comunitaria, a raíz de la detección del virus en aguas residuales y el incremento de la cantidad de pacientes.

Pavas y La Uruca son distritos con importante presencia de población migrante nicaragüense que se encuentra en condición de vulnerabilidad social debido a la falta de vivienda propia, empleos no calificados y necesidad de desplazarse para trabajar.

Hasta el 25 de julio esos dos distritos mostraban una alta correlación entre contagios del nuevo coronavirus y personas que viven en hacinamiento, lo cual ha sido señalado por personas expertas como uno de los factores que propicia la rápida transmisión del virus.

Los datos de Salud permiten ver que, dentro de los clústers de origen laboral, además del contacto entre compañeros de trabajo, la segunda forma más frecuente de transmisión fueron los vínculos familiares.

Mientras que en los precarios los nexos fueron principalmente de tipo social y familiar.

Los pacientes que no registraron nexo de contagio conocido se ubicaron mayoritariamente en el Gran Área Metropolitana.

El virus en el tiempo

La primera noticia del virus SARS-Cov-2 en Costa Rica fue sobre una turista estadounidense cuya enfermedad se confirmó el 6 de marzo.

Al día siguiente el virus se había encontrado ya en cuatro personas más: el esposo de la extranjera; el médico del hospital de Alajuela; la tía del médico a quien él había ido a recoger a Panamá y la cuidadora de la tía.

Precisamente durante marzo los contagios de covid-19 se relacionaron principalmente con casos importados, pero en su mayoría de personas costarricenses que regresaban al país, pues Costa Rica cerró fronteras para extranjeros a mediados de marzo. La Policía desplegó fuertes operativos para intentar detener la migración irregular, aunque no siempre con éxito.

Marzo terminó con 347 personas enfermas de covid-19.

Los centros hospitalarios fueron la segunda fuente de transmisión durante marzo y abril, donde en ese momento se llegó a reportar más del 30% de los casos. De hecho, las autoridades informaron que 20% de los pacientes que se confirmaban en ese entonces eran parte del personal de salud y en buena medida se relacionaba con el caso del médico del Hospital de Alajuela, quien se convirtió en un superdiseminador del virus.

Los casos de origen hospitalario disminuyeron en las semanas posteriores, hasta finales de mayo en que se volvieron a registrar pero con mucha menor intensidad.

Para la segunda semana de abril, luego de Semana Santa, las principales fuentes de diseminación eran espacios de trabajo. Por esos días, Salud informó que existían focos de contagio en call centers de San José.

Luego los “precarios o poblados” empezaron a generar 3 de cada 10 contagios, a la vez que empezó a crecer el número de pacientes sin nexo identificado.

Para finales de abril alrededor del 30% de los casos seguían siendo importados.

En mayo el virus se mantuvo rondando en centros de trabajo que seguían siendo la principal fuente de las transmisiones, pero también empezaron a registrarse casos vinculados a cuaterías. Hasta el 5 de julio, esas habitaciones de alquiler de bajo costo y condiciones insalubres fueron la raíz de 89 contagios.

Sin embargo, en ocasiones los impactos de estos focos se observaron hasta semanas después, cuando se hacía notoria la cantidad de pacientes relacionados.

Ya para junio, además de los lugares de trabajo y precarios, los encuentros sociales empezaron a manifestar sus efectos. En los primeros días de julio fue evidente el aumento de casos en los que se desconocía el nexo del contagio.

 

Ticos importaron más el virus que extranjeros

La mayor cantidad de pacientes que importaron el virus SARS-Cov-2 a Costa Rica en los primeros cuatro meses de pandemia fueron costarricenses.

En ese periodo, del 6 de marzo al 5 de julio, hubo un total de 5.084 personas enfermas y solo en el 10% se trató de casos clasificados como “importados”, es decir, personas que contrajeron el virus fuera del país.

Costa Rica cerró fronteras a mediados de marzo, excepto para nacionales y residentes que salieron antes de la llegada de la pandemia.

Dentro del pequeño grupo de importados, 342 casos correspondían a nacionales y 166 a extranjeros.

Aunque en esos cuatro meses de pandemia 30% de los casos de covid-19 que se registraban en el país eran personas extranjeras, la gran mayoría de ellas (1.356) se contagiaron dentro de Costa Rica.

Otras 3.221 casos son de personas costarricenses que también se enfermaron aquí.

Entre las personas extranjeras, la base de datos entregada por el Ministerio de Salud no registra el país de procedencia de la mayoría.

Aparte de ese grupo, la mayor cantidad de personas proviene de Nicaragua, el país vecino del norte donde el Gobierno de Daniel Ortega no tomó medidas de prevención ni de contención del virus, sino que, por el contrario, convocó a eventos masivos como marchas. Los especialistas señalan un subregistro de los casos, en ocasiones clasificados como una supuesta neumonía.

Dentro de las personas nacionales que importaron el virus también se desconoce el país de procedencia de la mayoría. De quienes sí se detalla el país, la mayor cantidad viajó desde Nicaragua y en segundo lugar desde Estados Unidos.

Las sociedades costarricense y nicaragüense tienen fuertes vínculos de interdependencia por aspectos laborales y la existencia de familias binacionales.

 

Créditos de diseño: Natalia Barquero

Visualizaciones: Rigoberto Carvajal

 

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