País cumple seis meses en estado emergencia sin datos certeros sobre covid-19

Álvaro Murillo, periodista del Semanario Universidad en colaboración para Interferencia

“Al ser 12 de setiembre, el país registra 1.485 casos nuevos de Covid-19 (…) Se contabilizan 20.928 personas recuperadas (…) 564 personas se encuentran hospitalizadas, 225 de ellas en cuidados intensivos. Además para hoy se reportan siete lamentables fallecimientos…”.

Este fue el reporte del segundo sábado de setiembre dado por el Ministerio de Salud, pero solo la mitad de esos datos son certeros: los de hospitalizados y los fallecidos.

Expertos y autoridades reconocen que la cantidad de contagios de cada día es muy superior a la que se puede registrar y que la población recuperada también es mayor a la cifra que se reporta a diario en las conferencias de prensa.

Es decir, no sabemos en Costa Rica cuántos casos activos hay de covid-19 en el territorio nacional o en cada distrito, con lo cual se reduce la posibilidad de atacar con certeza la cadena de contagios.

Esta es la realidad de la capacidad registral y de reporte de datos en una epidemia que en Costa Rica sigue creciendo hasta un acumulado que superará los 60.000 personas al 18 de setiembre, cuando se cumplen seis meses desde que se decretó el Estado de Emergencia.

La proporción de contagios ronda un caso por cada 83 costarricenses, de acuerdo con los datos recopilados y publicados, pero el propio ministro de Salud, Daniel Salas, ha dicho que al perderse el rastro de las infecciones la cifra real puede ser mayor a la cantidad de cada día.

Ese decir, el reporte de ese sábado, que alcanzaba un nuevo récord de casos en 24 horas desde la llegada del virus a Costa Rica, más bien se quedaba corto. De las 3.000 pruebas realizadas, el 42% había dado positivo, una cifra que coincide con el promedio de estas últimas semanas y que permite entender un dato que no agrada a ningún epidemiólogo: se han hecho solo tres test por cada persona diagnosticada.

Este cuadro muestra que la detección está siendo insuficiente, señalan expertos en epidemiología y en estadística. Es decir, que hay un problema “de origen” en los datos del Ministerio de Salud, por falta de los recursos necesarios para captar el tamaño del problema y, por tanto, para diseñar las estrategias posibles.

Esto hace que las autoridades dediquen los esfuerzos mayores de detección en territorios donde es sabida la alta incidencia y a personas que acuden con síntomas, pero no a quienes circulan portando el virus de manera asintomático en zonas donde no necesariamente hay una alerta mayor, comentó el epidemiólogo Juan José Romero, director de la maestría en Epidemiología en la Universidad Nacional.

A ellos se suma los atrasos que ha habido en los laboratorios para el procesamiento de las pruebas, como lo han reconocido también autoridades de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS).

También se suma la advertencia que ya había hecho el Ministerio de Salud sobre el reporte de pacientes recuperados, pues reconoció la imposibilidad de notificar al día a las personas que ya habían superado la enfermedad. Por ello habían decretado que se declararía recuperado a cualquier persona que no reportara síntomas 21 días después del diagnóstico, pero aún así el reporte diario no calza.

Por ejemplo, según ese lineamiento el sábado 12 de setiembre debieron haberse casi 33.000 recuperados en el país, pero el reporte de ese día dejaba por fuera a uno de cada tres. Ese desfase podría ser aún mayor en determinados cantones o distritos, lo que cambia completamente el mapa, apuntó el matemático Mario Villalobos, profesor de Matemática de la Universidad de Costa Rica y miembro del Centro de Investigaciones en Matemática Pura y Aplicada (CIMPA). “Las cifras no están dando”, lamentó el investigador.

Un mapa incierto

Así es como las certidumbre solo alcanza a los datos correspondientes en las etapas más avanzadas de la enfermedad, en el caso de las personas que requieren hospitalización, que ingresan a las unidades de cuidados intensivos o que llegan a fallecer.

“Uno ve que países importantes dan un porcentaje de personas recuperadas de casi 70%, pero aquí vemos que no llega al 40%. Esto provoca una sobreestimación de casos activos”, comenta Romero.

El epidemiólogo señala que, entonces, el Ministerio de Salud podría estar basando sus estrategias en los casos incidentes, es decir la cifra que se va reportando cada día, con el problema de que aquí con seguridad hay un subregistro, por falta de pruebas.

“El problema es que se está muestreando lo más evidente y dejando de lado lo menos evidente, que es lo más importante para parar la cadena de contagios”, comentó.

El médico intensivista Marco Boza, uno de los voceros de la CCSS para informaciones sobre la pandemia, coincidió el viernes pasado en que hay un subregistro de pacientes recuperados y que la cifra real podría ser casi el doble de la reportada, dijo en el programa Hablando Claro de radio Columbia.

También hay carencia de datos sobre el perfil de los contagiados al cumplirse seis meses de la llegada de virus en el país. Eso quedó en evidencia en la respuesta dada por el Ministerio de Salud después de que la Sala Constitucional lo condenó por no entregar datos solicitados por el programa Interferencia de las radios de la UCR.

Salud tuvo que entregar información sobre los conglomerados de contagios y la procedencia de ellos en este mes de setiembre, pero con corte al 5 de julio, cuando los contagios eran solo el 9% de lo que son ahora y las muertes, el 3,4%. Además, la institución alegó que actualizaría esa información con una periodicidad de dos meses, según la respuesta dada a los solicitantes de la información.

El epidemiólogo Romero señaló como problemas el sistema mismo de recolección de datos por la falta de equipo especializado para tomar muestras, personal para ello o equipo para procesarlas. Además, hay una carencia “casi total” de un sistema de información suficiente para el manejo de altos volúmenes, agregó.

Aunque el ministro Salud ha reconocido la dificultades de seguirle la pista a los contagios de manera precisa, ha descartado cualquier posibilidad de manipulación de los datos para intentar proyectar un manejo más eficaz de la pandemia o para inculcar mayor temor sobre el virus.

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