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dilema costarricenses desinformación

medios de comunicación RADIO 870 UCR 14 de abril del 2026

"Yo sí la veo, pero no me toca", el gran dilema de los costarricenses frente a la desinformación

Nicolo Fernández

radioemisoras@uc.ac.cr

Un estudio de la Universidad de Costa Rica revela que la mayoría reconoce el peligro de las noticias falsas, pero cree que solo los demás caen en ellas.

¿Cree usted que puede identificar cuándo una noticia es falsa? La mayoría de los costarricenses también lo cree. Sin embargo, esa confianza también muestra una contradicción incómoda: casi nadie se siente parte del problema. Un informe reciente del Programa de Libertad de Expresión y Derecho a la Información (PROLEDI) de la Universidad de Costa Rica, titulado "Democracia en Riesgo, Percepciones, amenazas y respuestas ante la desinformación en Costa Rica", advierte que esta percepción , "yo sí distingo, el otro no" , es uno de los mayores obstáculos para combatir la desinformación en el país.

La encuesta nacional aplicada por la Universidad de Costa Rica, en alianza con las organizaciones internacionales Free Press y People in Need, arrojó un dato revelador: la gran mayoría de las personas considera que la desinformación es un problema grave para la democracia y para los procesos electorales. Pero, al mismo tiempo, creen que ellos tienen la capacidad de detectarla… y que los problemas los tienen los demás.

"Las personas consideran que no me toca a mí, que no me afecta directamente. Que yo tengo la capacidad de discernir cuándo estoy frente a contenidos desinformativos y cuándo no. Y que es el otro, un tercero, el que tiene problemas con la desinformación", explica Giselle Boza, docente e investigadora de la Universidad de Costa Rica.

Esta paradoja, según Boza, es un freno enorme: si nadie se siente vulnerable, nadie busca herramientas para protegerse.

 

LA DESINFORMACIÓN SE DISFRAZA DE LO QUE YA CREEMOS

¿Por qué es tan difícil que alguien reconozca que ha caído en una noticia falsa? La investigadora responde: porque la desinformación "se disfraza muy fácilmente".

"Apela a la ingenuidad, apela a lo que yo opino y me lo afirma, me reafirma mis convicciones. En esa medida, yo digo que esto no es desinformación, porque más bien reafirma mis creencias", señala Boza.

El problema de fondo es que, al confundir una mentira con una confirmación de lo que ya pensamos, la noticia falsa se vuelve invisible para nosotros… pero no para los demás.

Ante este panorama, la investigadora lanza una advertencia clara: el sistema educativo tiene que actuar ya.

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"Necesitamos que desde niños y niñas introduzcamos la alfabetización mediática e informacional (AMI) en el currículum. No se trata solo de aprender a usar dispositivos, sino de ser verdaderos ciudadanos digitales con pensamiento crítico", enfatiza.

Sin embargo, el estudio muestra que los liderazgos políticos todavía no han entendido la urgencia. De los 20 partidos que presentaron programas de gobierno antes de las elecciones de 2026, solo cinco mencionaron la desinformación como un problema, y algunos lo hicieron de manera superficial, confundiéndose con temas de ciberseguridad.

PERDEMOS LA CONFIANZA EN LOS MEDIOS… PERO NO SIEMPRE CON RAZÓN

Otro hallazgo clave del estudio es que los costarricenses han ido perdiendo la confianza en el periodismo tradicional. La gente dice que desconfía porque los medios "representan los intereses de sus dueños", "no siempre dicen la verdad" o "manipulan la información".

Boza reconoce que parte de esas críticas tienen razón: ha habido un deterioro del periodismo en el país. Pero también advierte que esta desconfianza generalizada abre la puerta a que cualquier contenido, por falso que sea, encuentre un terreno fértil.

El informe también encontró un síntoma preocupante: la autocensura. Un alto porcentaje de la población admite que evita opinar por miedo a represalias.

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"Ese espiral de silencio es muy serio. La desinformación no solo produce confusión y desconfianza, sino que también silencia a sectores enteros", alerta la investigadora.

Cuando la desinformación viene acompañada de discursos de odio, muchas personas prefieren callarse antes que ser blanco de ataques. Y eso, en una democracia, es una señal de alarma.

El estudio Democracia en Riesgo no solo confirma que la desinformación amenaza la calidad del debate público y la confianza en las instituciones. También revela una grieta más íntima: la dificultad de cada persona para reconocerse como parte del problema.

"Si la ciudadanía no se empodera para entender cuándo está frente a contenidos desinformativos, difícilmente vamos a avanzar", concluye Boza.

Por ahora, el primer paso no es tecnológico ni legal. Es, ante todo, un ejercicio de humildad: aceptar que todos, en algún momento, podemos caer en una noticia falsa. Incluso usted. Incluso yo.