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La democracia frente a la polarización: un llamado al diálogo y la convivencia ciudadana

Manifestación, pancarta que dice: Democracia Siempre

Plantón en Defensa de la Democracia. Fotografía: Sebastián Avendaño, Radios UCR.

RADIO UNIVERSIDAD 25 de septiembre del 2026

La democracia frente a la polarización: un llamado al diálogo y la convivencia ciudadana

José Andrés Corrales Rojas

jose.corralesrojas@ucr.ac.cr

Expertos y académicos analizan los cambios en la convivencia política costarricense y advierten sobre los desafíos que plantea la creciente confrontación en el espacio público y el ejercicio de las libertades.

Cuando las diferencias políticas se transforman en discursos de enemistad, el modelo de convivencia costarricense enfrenta una prueba inédita. Voces expertas y académicas adviertieron, en el programa Desayunos de Radio Universidad, sobre el riesgo de perder la tolerancia histórica del país y destacan la urgencia de recuperar el diálogo civilizado como herramienta para sostener las libertades públicas. 

 

El fin de la excepcionalidad y la polarización 

Las recientes celebraciones patrias visibilizaron una tensión inusual en el espacio público, marcada por un despliegue de seguridad desproporcionado. Lejos de ser un hecho aislado, estos eventos reflejan una transformación profunda en la manera en que la sociedad costarricense procesa sus diferencias políticas y sociales. 

El investigador y docente del Instituto de Estudios en Población de la Universidad Nacional, Dr. Guillermo Acuña González analizó este panorama desde una perspectiva estructural. Su lectura apunta a un cambio de época en la cultura política nacional. 

"A mí me parece que lo que estamos asistiendo es a una guerra de tipo sociocultural en un período de transición en el que me parece que estamos al cierre de la excepcionalidad costarricense", señaló Acuña. 

Esta transición se caracteriza por la división del espacio cívico, como ocurrió con las barricadas que separaron a los asistentes según los mensajes de sus faroles. El debate público se ha teñido de discursos que construyen a quienes piensan distinto como adversarios a los que se debe excluir. 

Frente a la escalada de discursos confrontativos y la imposición de narrativas oficiales, la defensa de la pluralidad surge como un pilar indispensable. La democracia no implica la ausencia de conflictos, sino la capacidad de gestionarlos sin recurrir a la represión o a la invalidación del otro. 

 

La conductora del programa y politóloga, Argentina Artavia Medrano enfatizó que la convivencia pacífica requiere la aceptación de posturas divergentes como parte natural e histórica del sistema político nacional. 

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"La democracia exige pensar distinto, exige también que podamos discutir civilizadamente, respetuosamente las diferencias; la democracia se nutre, se fortalece de la diferencia no reprimiéndolas", indicó Artavia. 

En esta misma línea, la protesta y la recuperación del espacio público son formas legítimas de resistencia ciudadana. La docente e investigadora de la Escuela de Antropología de la Universidad de Costa Rica, Claudia Palma Campos rechazó la estigmatización de la crítica ciudadana ante la categorización de enemigos internos. 

"Nosotros no somos el enemigo, nosotros no estamos atentando contra la democracia, nosotros estamos construyendo democracia porque la democracia es el diálogo", explicó Palma Campos. 

 

Límites al poder en el Estado de derecho 

Más allá del respeto mutuo entre ciudadanos, la salud democrática depende del acatamiento estricto de las leyes por parte de las autoridades. El diseño de la República, sustentado en la independencia de los poderes, busca evitar la concentración absolutista y garantizar que el Ejecutivo rinda cuentas. 

El historiador y académico, Vladimir de la Cruz subrayó esta distinción fundamental para evitar derivas autoritarias en la función pública, recordando que la Constitución actúa como un escudo protector de la gente. 

"Una de las cosas importantes del estado de derecho es que los ciudadanos tenemos todos los derechos y las libertades, pero los gobernantes están sujetos nada más a lo que la ley les permite hacer", detalló de la Cruz.

Bajo este marco normativo, las manifestaciones populares y los actos cívicos durante las efemérides patrias adquieren un sentido de vigilancia y pertenencia. Las movilizaciones reflejan el profundo arraigo de los valores institucionales en la población. 

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"Lo que hay es una expresión ciudadana de querer seguir viviendo en democracia, de seguir viviendo con libertades, de seguir viviendo con controles públicos sobre las autoridades de gobierno", agregó el historiador.