La voz del último cantor tradicional indígena maleku se apagó por la COVID-19

David Chavarría Hernández davidchavarriahernandez@gmail.com

Franklin Mojica Blanco, maestro y cantor de la comunidad indígena Maleku, murió el 27 de diciembre en el cantón de Guatuso. Él se dedicaba a preservar la cultura maleku a través de sus canciones.

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Si aquellas predicciones del indígena Franklin Mojica Blanco se cumplieran, al idioma maleku le quedarían menos de 10 años de supervivencia.

Ese pronóstico lo expresó una mañana calurosa de mediados del 2011, mientras se apoyaba en un banco de madera en el Palenque Tonjibe, una de las tres comunidades que conforman el territorio indígena Maleku. Es un sitio con casitas de cemento, abrazado por el verdor de las montañas de Guatuso.

Me encontré con él tras viajar desde San José a Guatuso y luego una media hora por calle asfaltada hasta llegar al camino de lastre que lleva al palenque.

Era un hombre macizo, de piel tostada y sonrisa afable, que vivía en Macoc cheche, como llamaba él en maleku a la tierra donde además se dedicaba a la recuperación de especies de flora y fauna importantes para la población indígena.

Macoc es una palabra maleku que significa provisión. Ahí, en el sitio donde nos sentamos, tiempo atrás muchos indígenas descansaban y comían cuando se internaban por días en la montaña, me explicó Mojica.

Era además el sitio en que a él le llegaba la inspiración para escribir sus canciones.

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Franklin Mojica Blanco, maestro y cantor de la comunidad indígena Maleku. Foto: David Solís para Interferencia
Escuche a Franklin Mojica cantando una canción de cuna en lengua Maleku

Esa mañana, entonó una arapchá óraajá maporétecá maráma (canción de cuna) que compuso inspirado en las que le cantaba su abuela, Amelia Blanco, cuando él era niño. La canción trataba sobre un niño que debía dormir porque, de lo contrario, un duende -llamado en maleku crache marama llegaría por él. Una letra similar a la famosa canción del coco con la que muchas personas no indígenas intentan asustar a sus niños para que duerman.

“Si no hubiera nada escrito desaparecería totalmente, pero por lo menos va a quedar algo escrito”, expresó Mojica, quien con convicción lideraba la tarea de recuperar las tradiciones orales de su cultura.

Por eso, cuando lo conocí, hace ya una década, el cantor había escrito unas 25 letras en su lengua, basadas en sus experiencias y cosmovisión indígena.

Mojica falleció el pasado 27 de diciembre, a la edad de 64 años, por complicaciones relacionadas con la COVID-19.

Cinco días antes de morir, empezó con una fiebre alta y fue llevado al hospital, pero padecimientos de riñones y antecedentes de tuberculosis tenían su organismo muy debilitado y murió, relata ahora su hermano, Alfredo Acosta Blanco.

Un reporte de la red de prestación de servicios de salud de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), en la Región Huetar Norte, señala que en esa comunidad indígena se dieron contagios de COVID-19 luego de una actividad navideña.

“Había una cantidad importante de niños, además participaban adultos y no se cumplían normas de protocolo”, indicó a Interferencia el director regional de esa red, Gustavo Zeledón, quien agregó que también se recibieron reportes de rompimientos de burbujas.

Sin embargo, Dionisio Sibaja, director Regional a. i. de la región Huetar Norte del Ministerio de Salud, advirtió que no existe “evidencia de la relación directa” entre las actividades y los contagios.

Hasta ahora, 17 personas adultas mayores indígenas de distintas comunidades han fallecido por causas relacionadas a la COVID-19, según el viceministro de la Presidencia, Randall Otárola.

Lea más: Talamanca, el territorio indígena con más adultos mayores fallecidos por COVID-19.

Personas indígenas e investigadores coinciden en que Franklin Mojica era el último cantor tradicional de la cultura maleku.

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Franklin Mojica Blanco. Ilustración por Natalia Barquero. La ilustración usa como referencia la xilografía “Palenque Tonjibe”, de Elidieth Elizondo Castro, artesana de la comunidad indígena maleku.

Resistencia a la pérdida de identidad

Mojica descendía de un círculo de cantores tradicionales. Sus tíos, Modesto e Ignacio, también cantaban. Su abuela, Amelia Blanco, grabó registros sonoros que formaron parte de las investigaciones del lingüista costarricense Adolfo Constenla.

Para Mojica cantar estaba ligado a preservar la memoria de su familia y su pueblo, a mantener vivas las “costumbres, tradiciones y la lengua oral  maleku”.

“¿Por qué yo simplemente tengo que pararme allá de frente y cantar en un karaoke ya con una canción inventada por otra gente que no es propiamente de mi cultura?”, se cuestionaba

“¿Por qué yo simplemente tengo que pararme allá de frente y cantar en un karaoke ya con una canción inventada por otra gente que no es propiamente de mi cultura?”, se cuestionaba.

Pensaba que la mayoría de indígenas son cantores, pero que no grababan ni escribían porque años atrás la mayoría de estas personas era analfabeta.

Él fue uno de los primeros habitantes de la comunidad maleku que realizó estudios de educación media y universitarios. Se graduó como Bachiller en Educación y durante gran parte de su vida fue educador en la comunidad.

Trataba de inculcar a sus alumnos el amor por la lengua. “Yo les he dicho que no se avergüencen y todavía les digo que hablen nuestro idioma, porque es una riqueza cultural grandísima”.

“Antes cuando yo estaba en el colegio me avergonzaba porque los mismos compañeros de colegio me decían ‘indio come yuca’, ‘indio come tortuga’, ‘indio come iguana’, ‘indio come pescado’. Eso me hacía chiquito y me avergonzaba mucho pero era por ignorancia, por no saber las cosas”, expresaba Mojica.

Por ese mismo amor a su cultura, dedicaba las letras de sus canciones a una época que solo existía en sus recuerdos, a su vida en la montaña, en el Palenque Margarita, donde nació en 1956.

Nítidamente podía describir cómo las tortugas se agrupaban cerca de las balsas que usaban para navegar la laguna de Caño Negro. Recordaba cuando su abuelo, Agustín Mojica, lo llevaba durante varios días de pesca al río Frío.

Eso contaba en sus canciones. Sus anécdotas y los conocimientos sobre las artes ancestrales de los indígenas maleku para la pesca con anzuelo o con semillas de cedro macho o pataste, o la pesca con barbasco, un bejuco que atontaba a los peces, según le enseñó su abuelo.

También sobre las fiestas que se prolongaban semanas enteras y en las que los peces, la carne de tortuga o de iguana, se ahumaban en fogatas improvisadas en la montaña o ribera del río para conservarlas.

“La montaña es nuestra riqueza natural pero también cultural”, decía para explicar la relación entre la población maleku y su territorio.

Una investigación realizada por la organización no gubernamental Forest Peoples Programme, en el 2014, determinó que de las 2.993 hectáreas correspondientes por ley al territorio Maleku, solamente 658, es decir el 22%, estaban en manos de los 460 habitantes originarios que sobrevivían en los denominados palenques Margarita, Sol y Tonjibe. No existen datos más actualizados sobre el tema.

“Cuando yo crecí todo era montaña y siempre creí que la alimentación del indígena estaba ahí, toda la materia prima estaba ahí; pero con la deforestación que han hecho para siembra agrícola y ganadería, todas esas cosas se perdieron”, se lamentaba. “Al indígena le compraban la tierra por una botella de guaro o por un perro tepezcuintlero”, criticaba también.

Mojica creía que la pérdida de acceso a la tierra iba de la mano con el declive de la identidad maleku. Por eso pensaba que a la lengua de su madre y abuelos le quedaban muy pocos años de supervivencia.

“Vivimos bajo un engaño. Desde que yo tenía siete años el Gobierno decía que va a comprar la finca, que el Gobierno va a hacer esto para los indígenas guatusos y nada, es pura paja, disculpa la palabra, pero es que así es, pura mentira”, señaló en aquella charla que tuvimos.

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Palenque Margarita, diciembre de 1977. Primer plano: Rita Acosta, su esposo Joaquín Mejía y Amelia Blanco (abuela de Franklin Mojica). Foto: Libro cantos guatusos de entretenimiento.

La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) publicó en 2010 un Atlas de las lenguas del mundo en peligro, en el cual se consideró que el maleku se clasificaba como una lengua “seriamente en peligro”, ya que solo los abuelos y las personas de las viejas generaciones lo hablaban.

Según la Unesco, “los miembros de la generación nueva, si bien pueden comprender el maleku, no la hablan entre sí, ni tampoco con sus hijos”.

El legado del cantor

Mojica murió, pero su legado quedó escrito en sus canciones. Sus recuerdos sobre aquellos momentos en que comía sentado en el suelo, al lado del fogón y su mamá, Margarita, le servía en una hoja “su buena mojarra, su buen guapote o sabalete”, se mantienen en esas letras.

Reconstruyó la memoria de sus antepasados a través de los cantos de su abuela Amelia, los cuales modificó y adaptó.

Pero ahora existe la interrogante de si alguien más preservará ese patrimonio cultural.

Geyner Blanco, primo de Franklin, expresó que su fallecimiento genera un gran vacío cultural. “Fran lo que estaba haciendo era recoger todo su conocimiento, poner un texto como una canción y reconstruir a partir de su vivencia. Ahorita en la comunidad no hay ninguna otra persona con ese amor por reconstruir cantos”, manifestó Blanco.

El investigador del Instituto de Investigaciones Lingüísticas (INIL) de la Universidad de Costa Rica, Alí García, detalló que dentro de la comunidad indígena maleku se han registrado esfuerzos de personas jóvenes por mantener viva la tradición oral de la comunidad a través de cantos en la lengua pero utilizando música no tradicional indígena.

Alfredo Acosta, hermano de Franklin, añadió: “Como lo estaba haciendo él no hay nadie. Hay personas que cantan estrofas pero no se han dedicado como él. No sé si saldrá alguno, puede que sí”.

* Edición del texto: Hulda Miranda. Diseño: Natalia Barquero.

** Escuche en nuestro canal de Spotify el podcast de esta historia: “La voz del último cantor tradicional indígena maleku”.

*** Si quiere conocer más sobre los pueblos indígenas costarricenses visite el sitio Diversidad y Patrimonio Lingüístico de Costa Rica.

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