“Estamos tratando de sobrevivir, ayudándonos para seguir avanzando”, Leonardo Rodríguez Reyes, migrante venezolano.

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Guiselle Mora Noguera | Video: Josué Lobo Sandí
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Las personas migrantes venezolanas ven a Costa Rica como un sitio de paso o como una oportunidad para iniciar de cero. Según la especialista de la carrera de ciencias policiales de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), Karen Jiménez Morales esta situación crea un conflicto ético entre el deber ser y el dinero, ya que no se cuenta con recursos suficientes para atender la crisis. 

“Nos vinimos a hacer la travesía que toda persona hace, que todo migrante hace… para un mejor futuro, para la familia y para nuestros hijos y seguir adelante”. Nos cuenta Guilloscar Figueroa, cerca de las 9 de la mañana frente a la Fuente de la Hispanidad. Figueroa es parte de los 2 mil venezolanos que ingresaron a Costa Rica en el mes de setiembre y octubre, según un reporte de Migración y Extranjería.

El viaje no fue fácil y créame que nosotros que llevábamos a los niños no se lo recomendamos a muchas personas. No es fácil para uno ni para los niños, sufren, ven el cansancio, la sed. Los ríos no son aptos para beber”. Figueroa lleva más de 20 días de estar en Costa Rica junto con su familia: dos niños y su pareja. La Fuente de la Hispanidad se convirtió en su sitio de trabajo hasta que decidan qué hacer.

¿Cuáles son las razones que hacen que las familias vendan todo lo que tienen para probar suerte en otros sitios? Según Karen Jiménez Morales especialista de la carrera de ciencias policiales de la Universidad Estatal a Distancia, no es un viaje turístico lo que están haciendo. Es un éxodo que no solo ocurre en Venezuela, ni solo en Latinoamérica, ocurre en muchos otros países. 

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En Venezuela hay muertes, desaparecidos, baja calidad de vida, las personas ya no se sienten seguras y no se les atienden sus necesidades básicas. Es una circunstancia tan de calamidad que las personas deciden emprender este viaje”, explica Jiménez.

La crisis que ha vivido este país suramericano en los últimos años, lo ha convertido en un emisor masivo de migrantes. Según datos de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela de setiembre de 2022, más de 7 millones de venezolanos viven como migrantes o refugiados en distintas partes del mundo.

Al igual que Figueroa, Leonardo Rodríguez Reyes inicia su jornada a las 8 de la mañana. Su sitio de trabajo está en las inmediaciones del parque de Montes de Oca. Rodríguez cuenta que todo empezó por la situación del país.

Ya no está tan bien y nos tocó emigrar, buscar un nuevo futuro, una mejor vida. Yo vengo con un hermano mío y un primo. Yo tengo un hijo pero no me lo podía traer por lo inseguro del camino. Nos ha tocado pararnos en varios países a que nos den colaboraciones y ahora no tenemos recursos para seguir avanzando”, nos dice.

Costa Rica se ha convertido en un sitio de parada para Figueroa y Rodríguez y muchas otras personas que viajaron desde Venezuela, cruzaron la selva y que se han quedado recogiendo dinero para continuar o analizan iniciar de cero en este sitio debido a los cambios en las políticas de ingreso de migrantes en Estados Unidos.

Estados Unidos le permitirá la entrada a 24 mil venezolanos que demuestren que tienen un patrocinador en el país que les brinde apoyo financiero y de otro tipo. Otros requisitos son que estén completamente vacunados y pasar por “rigurosos” controles biométricos y biográficos, además deben ingresar por aire. Quedarán excluidos del programa aquellos que hayan sido deportados de EE.UU. en los últimos cinco años.

Ante esta situación, el presidente de la República, Rodrígo Chaves dijo a finales de octubre en conferencia de prensa que está explorando con socios internacionales una serie de estrategias de migración que serían verdaderos cambios a la política que ha seguido Costa Rica por muchos años. La decisión que tomemos va a depender de si ellos están dispuestos a colaborarnos con el costo enorme que ha asumido la sociedad costarricense por años, de ser generosos y receptivos con gente en necesidad“, explicó.

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Mientras las autoridades de los diferentes países se ponen de acuerdo sobre qué medidas poner en práctica con este flujo migratorio de personas, aumenta la incertidumbre en aquellas personas que lo vendieron todo en busca de su sueño americano.

No es como antes que tu podías entrar (a Estados Unidos) y te apoyaban y ya tu tenías como salir a la calle y sin ningún problema. Ahora no, si tu no tienes el proceso no te toman en cuenta”, nos dice Figueroa mientras observa a sus hijos acomodarse para acompañarlos en su jornada de trabajo. Por su parte Rodríguez espera que las autoridades puedan encontrar una solución a la situación, “lo que hagamos depende de las noticias, esperemos que den una mejor solución, algo que de verdad nos ayude… que los países tengan una mejor solución para nosotros”.

Sin embargo Jiménez considera que ningún país está preparado para esta situación.

¿Qué es lo ideal? Tener un campamento donde puedan alojarse por días específicos y atender sus necesidades básicas pero eso es prácticamente imposible. Cuando estamos en una situación tan complicada, venir a invertir en esto es un conflicto ético entre el deber ser, y el dinero. Los cuerpos policiales han tenido que dejar otras situaciones para atender esta. Me parece que el mérito que hay que darle a la policía es el respeto con el que han tratado la situación. Creo que eso es lo más loable, sentirse seguro en un país extranjero donde sabés que la policía no te va a atacar.

¿Qué queda por hacer?

Toca esperar a ver que pasa, porque si en los Estados Unidos no aceptan nuestra entrada, ya tocará quedarse por acá. Ya yo me mentalicé que seguir adelante cuesta mucho, es un poco más peligroso y más costoso”, dice Guilloscar Figueroa enfatizándonos sobre todo que su decisión es por su familia.

Por su parte Jiménez desde su análisis no le adjudica toda la responsabilidad de acción a las autoridades. “Lo que yo haga impacta a los que me rodean, como una red. Ahora más que nunca necesitamos empatía, estamos en un proceso muy complejo”, explica.

Costa Rica es un país de paso, somos un puente. Hemos tenido migraciones bastante importantes, pero no eran tan masivas como lo son ahora. Lo que me preocupa es que la situación no pinta bien. El Índice de Desarrollo en los países indica que hemos retrocedido en este tema. El sistema planetario depende de las decisiones y acciones del ser humano.¿Qué hago con las personas que viven a mi alrededor? Es urgente esta reflexión, es un ejercicio indispensable, la humanidad tiene que retomar sus orígenes y saber hacia dónde nos vamos. El mayor riesgo para el planeta somos los seres humanos”, finaliza Jiménez.

Escuche un análisis sobre el tema en este programa de Saber Vivir.

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