No hay evidencia de que variantes del coronavirus de Inglaterra, Sudáfrica y Brasil estén en el país, confirma investigador

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David Bolaños
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David es periodista de Doble Check. También es periodista del noticiero Interferencia, de las Radios UCR, desde mayo del 2017. Ver biografía

Los indicios de mayor transmisión de las nuevas mutaciones del coronavirus o de menor efectividad de las vacunas contra la COVID-19 aún están “en pañales”. Así lo destacó este martes José Molina, microbiólogo informático del Centro de Investigación en Enfermedades Tropicales de la UCR (CIET), en una entrevista con Interferencia.

Las mutaciones del coronavirus causante de la COVID-19, que fueron descubiertas en Inglaterra, Sudáfrica y Brasil, han sido identificadas en 14 países de las Américas y “han generado preocupación por la posible mayor propagación y gravedad de los casos de COVID-19 en la región”, anunció la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) a finales de enero.

En su informe epidemiológico del 26 de enero pasado, la OPS –sede regional de la Organización Mundial de la Salud en las Américas– destacó que se ha documentado que personas infectadas con la variante inglesa del virus “presentan mayor riesgo de morir que las personas infectadas con otras variantes”. La entidad rectora de salud también recalcó que la variación de Sudáfrica tiene indicios de estar “asociada con una carga viral más alta, lo que podría sugerir una potencial mayor transmisibilidad”.

Sin embargo, Molina advirtió que “el comportamiento de los casos en función de una variante no lo podemos ver nada más desde la mutación”. Molina coordina el proyecto de análisis genómico del coronavirus en Costa Rica desde la UCR.

Molina destacó que el estudio de una enfermedad infecciosa como la COVID-19 contempla tres factores: el virus en sí mismo, las personas y el comportamiento social y el estilo de vida.

“Si comparamos mayo y diciembre (cuando apareció la variante de Londres), en mayo todos estábamos con restricciones mucho más estrictas de lo que sucedió en noviembre y diciembre”, afirmó el microbiólogo, que sigue el rastro de la información genética del coronavirus.

“Podría ser que la variante tuvo más oportunidades de propagación porque ahora hay aeropuertos abiertos y la gente no se cuida tanto. Lo que esto implica, de momento, es que el factor que parece tener mayor poder en controlar la pandemia sigue siendo el factor ambiental: cómo nos comportamos nosotros socialmente con el distanciamiento”, aseguró Molina.

Destacó que, hasta la fecha, “no hemos encontrado ninguna evidencia de que nos haga pensar de que las variantes de Reino Unido, Brasil o Sudáfrica estén rondando en el país”.

El proyecto de análisis genómico del nuevo coronavirus se ha desarrollado en conjunto por especialistas de la Facultad de Microbiología de la UCR y del Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa). Ese equipo publicó recientemente el hallazgo de una variante del virus que es casi exclusiva de Costa Rica, con una presencia mucho mayor a la que han identificado otras naciones. El nombre de esa mutación es T1117I y se ubica en la espícula (corona) del coronavirus. Dicha variación no hace al virus más letal, contagioso o agresivo, según el análisis del grupo de especialistas.

Molina también recalcó en Interferencia que el análisis de efectividad de las vacunas contra la COVID-19 frente a las nuevas mutaciones del virus aún está “en pañales”, dado que dichas variaciones son muy recientes. “De momento, algunos estudios sugieren que la (variante) de Londres no compromete la efectividad. Se ha visto alguna interferencia en la de Sudáfrica, pero es evidencia muy en pañales. No hay un estudio verdaderamente concluyente”, advirtió el microbiólogo.

Repase la entrevista completa aquí:

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