Tasa de ocupación femenina retrocedió 30 años tras crisis por pandemia

David Chavarría Hernández davidchavarriahernandez@gmail.com

La COVID-19 afectó laboralmente más a las mujeres que a los hombres. La tasa de ocupación femenina se contrajo hasta una cifra que el país no registraba desde hace tres décadas. Este es uno de los hallazgos que expone el más reciente informe del Programa Estado de la Nación (PEN).

La radiografía que hizo el PEN evidencia que la situación social del país era “frágil” previo a la pandemia. La falta de oportunidades laborales, el aumento en la desigualdad por ingresos, el déficit fiscal y la desaceleración económica son la base de la crisis que se agudizó, luego de marzo, con la propagación del virus SARS-CoV-2.

Ese contexto es el informe del Programa Estado de la Nación, en su edición número 26 detalla en 10 capítulos algunos de los efectos de la pandemia y su repercusión en la calidad de vida.

El PEN considera que el país se encontraba mal preparado para afrontar la crisis. Así es como en los primeros meses de la pandemia, la balanza ya era negativa, principalmente en el mercado laboral.

La tasa neta de participación, que es el porcentaje de la fuerza de trabajo con respecto a los mayores de 12 años, cayó a un 57,6% entre abril y junio de este año. Esto significa que la población que está fuera del mercado laboral aumentó en más de 5 puntos porcentuales, es decir, salieron del mercado 235.290 personas.

Pero además, la cantidad de personas ocupadas disminuyó hasta en 20%. Lo que representa que 437 mil personas se quedaron sin empleo durante el inicio de la pandemia.

El problema afecta principalmente a las mujeres, precisa el PEN, ya que perdieron el 52,5% del total de trabajos, para una cifra de 229.728 mujeres afectadas, mientras que hubo 208.210 hombres en esa misma situación.

El problema se agrava ya que, antes de la pandemia, existía una marcada brecha entre la cantidad de mujeres ocupadas (846.261) frente a los hombres ocupados (1.336.934). Eso quiere decir que el impacto es más significativo, ya que perdieron su empleo el 27% de las mujeres versus el 16% de los hombres.

En términos absolutos, la cantidad de ocupadas se sitúa ahora en 616.533 mujeres, cifra similar a la observada en el 2011; “es decir, casi una década de retroceso”, plantea el informe. Porcentualmente la tasa de ocupación femenina se sitúa en 31%, lo que implica un retroceso de 30 años, “pues el país mostraba esa misma cifra a inicios de la década de los noventa”, advierte el PEN.

Pese al marcado rostro femenino de la crisis, lo cierto es que todos los sectores de la población se han visto afectados de manera generalizada.

Por ejemplo, los mayores porcentajes en la tasa de desempleo corresponden a las personas en edades que oscilan entre 15 y 24 años (48%), la región Chorotega (29,8%) y personas con educación secundaria completa (27,2%) o incompleta (30,5%).

En las regiones Brunca, Chorotega y Central, una de cada cuatro personas que busca empleo no lo encuentra.

Pero el impacto de la pandemia también genera inestabilidad en los programa de inversión social. El PEN señala que programas como el Fondo de Desarrollo Social y Asignaciones Familiares (Fodesaf) podrían sufrir una disminución en sus ingresos, producto de la contracción en la economía nacional, “precisamente cuando el país necesita mayores aportes a la lucha contra la pobreza”, menciona el informe.

PEN: “Es posible evitar la caída en una crisis sistémica, pero…”

El informe del Programa Estado de la Nación (PEN) es claro en señalar que el 2020 está marcado por la desaceleración económica y pérdida de terreno en materia de generación de oportunidades para las personas. “La emergencia sanitaria golpeó en un momento de especial debilidad del desarrollo humano en Costa Rica”, menciona el PEN.

El Estado de la Nación alerta sobre el contexto de rápido envejecimiento de la población, y con ello, la necesidad de aprovechar además, el bono de género, mediante la incorporación de las mujeres al mundo laboral en condiciones de equidad. Pero además, el país afronta los desafíos de lo que implica la denominada “cuarta revolución industrial”.

Es por ello que la investigación sugiere la obligación de realizar reformas para resolver “los cuellos de botella” que estancan el desarrollo del país. Esto sugiere la urgencia de realizar cambios en la organización institucional del Estado y sus políticas.

Para el PEN, el país tiene la capacidad de revertir esta coyuntura de deterioro en el desarrollo humano. Eso sí señala la investigación que es necesario adoptar las medidas: “con urgencia, cierto, pero entendiendo que, dentro de la tormenta, existen bases sólidas para encontrar lo que se debe hacer, en favor de las mayorías y, en particular, de quienes suelen ser las caras más visibles y vulnerables de las crisis”.

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