De Corea a Japón en medio del COVID-19

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Geovanny Morera Hidalgo | geo.morera.hidalgo@gmail.com | Para Interferencia

El destino de mi viaje era Corea del Sur. Lo había planeado así desde mediados del año pasado con uno de mis amigos. Antes de llegar allí, debíamos realizar una maratónica de vuelos que incluía escalas en El Salvador, Guatemala y una noche en Los Ángeles, Estados Unidos.

Era el 2 de marzo y para ese momento el COVID-19 ya era noticia mundial. Sin embargo, en América Latina se reportaban menos de 20 casos y el virus se había expandido en pocos países de la región.

En Estados Unidos, las personas enfermas eran más de 100. En el aeropuerto de Los Ángeles, muy pocos usaban mascarillas o medidas de protección. Los Ángeles seguía siendo la misma ciudad llena de congestiones vehiculares que la caracterizan. 

En el vuelo de Los Ángeles hacia Tokio aumentó la cantidad de personas con tapabocas, aunque seguían siendo mínimas las señales de cualquier amenaza por la enfermedad. En el último vuelo hacia el aeropuerto internacional de Incheon, en Corea del Sur, la mayoría de pasajeros y sobrecargos utilizaban cubrebocas y guantes de látex.

Comercios abiertos, calles vacías en Seúl, Corea del Sur | Geovanny Morera.
En Seúl, capital de Corea del Sur, la tónica del viaje fue comercios abiertos pero con las calles vacías | Geovanny Morera

 

Segundo brote de COVID-19 en Corea del Sur

Llegamos a Corea del Sur el 4 de marzo. En ese momento, el país era el segundo más golpeado en el mundo por la enfermedad. Se registraban cerca de 5.000 casos en toda la nación.

Lo primero que noté fue que todos los establecimientos comerciales y atracciones turísticas estaban en normal funcionamiento pero había muy pocos turistas.

En nuestro primer día, visitamos una de las mayores atracciones turísticas de Seúl: el palacio de Gyeongbokgung. De camino a ese lugar, tuvimos que pasar por un par de estaciones subterráneas donde siempre se podían ver rótulos sobre cómo lavarse correctamente las manos. Además, habían colocado dispensadores de alcohol a lo largo del camino.

Por lo general, soy de los que madrugan para evitar tumultos. Apenas abrieron el palacio, ahí estábamos de primero. Pero rápidamente nos dimos cuenta que no solo éramos los primeros, sino que íbamos a ser los únicos visitantes.

Así sucedió en otras atracciones turísticas en Corea: abiertas al público pero, al mismo tiempo, como si las hubiesen abierto solo para nosotros.

A raíz del brote de COVID-19, el Palacio de Gyeongbokgung, una de las principales atracciones en Corea del Sur, lucía sin turistas | Geovanny Morera
A raíz del brote de COVID-19, el Palacio de Gyeongbokgung, una de las principales atracciones en Corea del Sur, lucía sin turistas | Geovanny Morera

 

Japón prohíbe ingresos desde Corea

En nuestra segunda noche de viaje, recibimos la noticia de que Japón cerraría sus fronteras a los viajeros de la península coreana a partir del lunes 9 de marzo.

Por este motivo, adelantamos nuestro vuelo a Japón para el domingo 8. En ese momento, Japón registraba menos de 500 casos de la enfermedad pero las autoridades decidieron aumentar las restricciones en el país para evitar la propagación del coronavirus.

Nuestro itinerario en Seúl se redujo de 6 a 4 días. Días en los que además debí buscar en tiempo récord un hospedaje barato en la ciudad japonesa de Osaka.

Tiempo después me di cuenta que Corea tuvo dos oleadas de contagios y que nuestro viaje coincidió justo cuando la segunda oleada estaba por empezar.

En nuestros últimos días en Seúl visité la primera atracción turística parcialmente cerrada al público que hallamos: el Memorial de la Guerra Coreana. El museo estaba cerrado como medida de preventiva. Ese mismo día, noté que había policías en ciertos monumentos y parques para evitar aglomeraciones. 

Para este momento, Costa Rica ya había confirmado sus primeros casos de personas enfermas de COVID-19.

 Vida nocturna normal de Osaka, Japón.  Geovanny Morera.
La vida nocturna en la ciudad de Osaka en Japón continuaba con normalidad | Geovanny Morera

 

Japón intenta continuar con la normalidad pero con medidas 

El viaje entre Seúl y Osaka no tuvo ningún contratiempo pese a las nuevas disposiciones del gobierno japonés.

En el aeropuerto internacional de Osaka, nos entregaron unos volantes con información sobre dónde llamar en caso de presentar síntomas de la enfermedad COVID-19.  Las autoridades migratorias de Japón también nos hicieron llenar un formulario con la dirección exacta de nuestro hotel y nos pidieron nuestro número telefónico y correo electrónico.

Llegar a Japón fue un cambio radical. Osaka es una ciudad portuaria donde la vida parecía seguir igual, casi indiferente a la enfermedad que poco después sería declarada como pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que ya empezaba a expandirse sin control en algunos países de Europa. 

Mientras la vida parecía ser la misma para los locales, como turistas notamos que algunos sitios turísticos estaban cerrados, principalmente museos y miradores. Muchas otras atracciones si permanecían abiertas.

Información de trenes pasando con menos frecuencia. Geovanny Morera.
En Japón, la frecuencia de los viajes en tren se redujo producto de la pandemia | Geovanny Morera

 

En las estaciones del metro de Osaka se podía leer en inglés que el servicio estaba trabajando en capacidad reducida y que, por ende, los trenes estaban pasando con menos frecuencia. Para ser honesto, esto ni se notaba porque los trenes pasaban cada 5 minutos.

Al igual que en Corea, tanto en Osaka, Kioto y Tokio, se podía encontrar alcohol en gel en todo establecimiento comercial y restaurante.

Día normal con turistas en Kyoto | Geovanny Morera. 
Las atracciones en la ciudad de Kioto continuaba operando con normalidad durante marzo pese al COVID-19 | Geovanny Morera

 

Kioto fue particularmente estresante

Mis amigos y familiares me bombardearon con mensajes y noticias sobre la propagación del coronavirus en Costa Rica. En un principio, respondía explicando que Japón cuenta con uno de los mejores sistemas de salud pública del mundo y tiene una cultura que practica el distanciamiento social y medidas de prevención al pie de la letra desde antes de la pandemia. 

Durante esas fechas, Japón registrara menos de 700 casos de COVID-19 en una población de 126 millones de personas. Después de un tiempo, era inevitable responder estos mensajes con algo de indiferencia. 

Sin embargo, al estar en Tokio, y después de ver las noticias en Costa Rica, llegué a tener miedo de regresar a mi país. Parecía mucho más fácil contagiarme del virus en mi travesía de vuelta, pasando por Estados Unidos, que estando en las calles del barrio de Asakusa de Tokio. 

La capital japonesa mantenía un ritmo normal de vida pese a la expansión del nuevo coronavirus durante el mes de marzo. Geovanny Morera.
La capital japonesa mantenía un ritmo normal de vida pese a la expansión del nuevo coronavirus durante el mes de marzo | Geovanny Morera

 

Regresar no fue tan fácil

Al acercarse la fecha de regreso, enfrentamos el golpe de realidad sobre lo que estaba sucediendo en Latinoamérica. Para esta fecha, la mayoría de países estaba cerrando sus fronteras. Esto incluyó a El Salvador, país donde tenía prevista una escala. Tuve que comprar un nuevo tiquete de avión para regresar a Costa Rica.

Aún así, pocas horas después de la compra, la aerolínea anunció que cesaba sus vuelos a Costa Rica hasta nuevo aviso. Por mera suerte, encontramos otra aerolínea que estaba operando a Costa Rica y pudimos respirar en paz nuevamente.

Vuelo cancelado por la aerolínea debido a la propagación del COVID-19 | Geovanny Morera
Vuelo cancelado por la aerolínea debido a la propagación del COVID-19 | Geovanny Morera

 

Tenía previsto mi regreso a la ciudad de Los Ángeles el 26 de marzo. En el aeropuerto en Japón, las autoridades migratorias me separaron del resto de pasajeros para revisar mi pasaporte con más profundidad. Todo el asunto terminó en una llamada por parte de la aerolínea a la embajada estadounidense en Tokio para saber si podíamos abordar el avión o no.

Los trámites fueron fáciles al llegar a Estados Unidos. Solo nos hicieron una prueba de temperatura corporal, y el resultado fue normal. En la terminal noté que algunas personas vestían trajes sacados de películas de ciencia ficción para evitar contagiarse. 

Vuelo de regreso a Costa Rica vacío | Geovanny Morera
Vuelo de regreso a Costa Rica casi vacío el 27 de marzo | Geovanny Morera

 

Después de dos días de vuelos y aeropuertos, sentí alivio al aterrizar en el aeropuerto Juan Santamaría. Esa sensación aumentó al indicar que estuve en Corea: me revisó un funcionario del Ministerio de Salud y, nuevamente, me indicó que mi temperatura corporal era normal. 

Finalmente, después de recibir la respectiva orden sanitaria de cuarentena obligatoria que emite el Ministerio de Salud, me percaté de que nunca antes había visto el aeropuerto vacío. De nuevo, estaba en un lugar que parecía estar abierto sólo para mí, sin rastro de turistas.

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