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leguminosas clave frente a crisis alimentaria

diferentes tipos de frijoles y leguminosas en cucharas RADIO 870 UCR 08 de abril del 2026

Las leguminosas olvidadas podrían ser clave frente a la crisis alimentaria

Guiselle Mora Noguera

guiselle.moranoguera@ucr.ac.cr

En medio de la crisis climática, el aumento en el costo de los alimentos y la necesidad de un mayor consumo de proteína surge la pregunta: ¿Cómo alimentarnos sin impactar al planeta? En las leguminosas podría estar la respuesta.

¿Cuándo fue la última vez que consumió frijoles o alguna otra leguminosa? ¿Sabe que además del frijol negro que le ponemos al gallopinto existen muchas otras variedades de frijoles y leguminosas que podrían ser claves antes la crisis alimentaria. Una investigación de la Universidad de Costa Rica plantea este tema. 

En el programa Comunidad Radios UCR conversamos sobre los argumentos que encontró la investigadora Adriana Araya mientras trabajó con este tema. Su estudio propone que las leguminosas tropicales subutilizadas podrían convertirse en proteínas vegetales sostenibles, nutritivas y accesibles, abriendo una nueva ruta para la alimentación del futuro.

 

PLANTEANDO UNA NECESIDAD, NO UNA MODA 

Según Araya, el debate sobre proteínas alternativas va más allá de tendencias.No es posible alimentar a toda la población únicamente con proteína animal”, advierte, señalando tanto su impacto ambiental como su alto costo.

El problema no es solo ambiental, sino también social. “Hay personas que no pueden adquirir proteína animal y terminan consumiendo harinas y grasas”, lo que, de acuerdo con la investigadora, incrementa riesgos en la salud.

A esto se suma un consumo desproporcionado: “estamos consumiendo mucha más proteína de la que realmente necesitamos”, lo que impulsa una producción animal asociada a mayores emisiones, uso intensivo de agua y calentamiento global.

Frente a este panorama, las proteínas vegetales resurgen como una alternativa viable: “son más sostenibles, más accesibles y forman parte de nuestra tradición alimentaria”, enfatiza Araya.

Sin embargo, esa tradición se ha ido perdiendo. La investigación busca precisamente recuperar ese conocimiento: “son cultivos que existen en el país, pero están siendo subutilizados porque se ha perdido la costumbre de consumirlos”.

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“Hemos reducido nuestra dieta a pocos alimentos, dejando de lado una gran variedad de leguminosas”, como distintos tipos de frijoles, lentejas o gandul.

La propuesta es clara: innovar a partir de lo que ya existe. “Extraer la proteína de las leguminosas para venderla como ingrediente a la industria” permitiría generar mayor valor económico y nuevas aplicaciones.

De hecho, los resultados son prometedores. Según Araya esa proteína puede competir con la soya e incluso mejorar características como la textura en productos, lo que abre posibilidades en alimentos como embutidos, mayonesas o productos veganos. 

Esto también representa una oportunidad para el sector agrícola: “se le da valor agregado al frijol y se abren nuevos mercados para productores”, especialmente si se logra una articulación con la industria.

 

UN PROBLEMA ESTRUCTURAL Y NUEVOS DESAFÍOS 

El estudio también pone sobre la mesa una contradicción nacional: en Costa Rica consumimos frijol, pero no es nuestro frijol. Actualmente, cerca del 80% del frijol que se consume es importado. 

Esto ha tenido consecuencias directas en el sector productivo. La compra de frijol nacional cayó un 77% en cinco años, dejando cosechas sin vender y desincentivando la producción local. 

Es por eso que Araya explica que para poder desarrollar a las leguminosas como la proteína del futuro debemos superar este obstáculo, tratando de depender menos de las importaciones y apoyándonos en lo local. 

Además hay que trabajar en la difusión de información que permita que incluyamos otras variedades de leguminosas en nuestras mesas, que consumimos antes pero que con el paso de los años, han quedado en el olvido.

Otro de los desafíos tiene que ver con el fomento de más investigación para así lograr que la proteína vegetal pueda tener una mejor utilización. “La proteína vegetal no tiene el mismo sabor ni comportamiento que la animal”, resaltó. 

 

UN LLAMADO A CAMBIAR LA FORMA EN QUE COMEMOS

En medio de la crisis climática, la seguridad alimentaria y la pérdida de tradiciones, la solución podría estar más cerca de lo que parece: en los alimentos que ya conocemos, pero hemos dejado de mirar. 

Más allá de la ciencia, el mensaje final de la investigadora apunta a las decisiones cotidianas. “Necesitamos una alimentación más consciente: reducir, diversificar, consumir local y valorar lo que producimos”, concluyó Araya.  

Encuentre más información en la entrevista.