Fotografía: NASA.
“Esta cuestión del espacio hay que tomarla como la actividad de todo el mundo. No puede ser solamente de las grandes potencias”
José Andrés Corrales Rojas
jose.corralesrojas@ucr.ac.cr
“Esta cuestión del espacio hay que tomarla como la actividad de todo el mundo. No puede ser solamente de las grandes potencias”
Fotografía: NASA.
El tema de la exploración y permanencia en el espacio ha estado en boga en los últimos días. Es por eso que en Desayunos de Radio Universidad conversamos con el Dr. Franklin Chang Díaz, exastronauta, científico, ingeniero y fundador de Ad Astra Rocket Company. El investigador abordó los cambios en la exploración espacial, el desarrollo del motor de plasma VASIMR y las oportunidades que se abren para países como Costa Rica.
La conversación también giró en torno a la transición hacia una presencia humana permanente en el espacio, el uso de recursos locales y la necesidad de integrar la ciencia con una visión ética y social.
Uno de los ejes centrales del programa fue el cambio de paradigma en la exploración espacial. Según explicó Chang Díaz, ya no se trata de misiones temporales, sino de establecer una presencia humana sostenida basada en una “economía de servicios” y el aprovechamiento de recursos disponibles fuera de la Tierra.
Este enfoque implica superar la lógica de la carrera espacial de la Guerra Fría, caracterizada por viajes de ida y vuelta, para dar paso a una dinámica multipolar donde participan tanto Estados como actores privados.
Durante la conversación, también se planteó que esta transformación responde a una expansión natural de la actividad humana. Sin embargo, se advirtió que este proceso requiere marcos éticos y legales sólidos para evitar reproducir en el espacio las mismas dinámicas de conflicto y desigualdad presentes en la Tierra.
En ese sentido, se destacó la importancia de que países pequeños participen en estas discusiones. La frase “si no estamos en la mesa, vamos a estar en el menú” sintetizó la necesidad de involucrarse en la gobernanza del espacio.
Chang abordó también el tema del desarrollo del motor de plasma VASIMR, presentado como una tecnología clave para la exploración de Marte. El científico explicó que este sistema utiliza hidrógeno calentado a temperaturas extremadamente altas para generar plasma, que luego es contenido mediante campos magnéticos.
Este proceso permite expulsar partículas a gran velocidad, generando empuje suficiente para reducir significativamente los tiempos de viaje en el espacio. Según se explicó, una de las ventajas del motor es que podría acortar el trayecto a Marte, disminuyendo riesgos asociados con la radiación.
Chang destacó que el hidrógeno cumple múltiples funciones, ya que no solo actúa como combustible, sino también como escudo contra la radiación cósmica. No obstante, señaló que uno de los principales desafíos es la generación de energía en el espacio. Las misiones humanas requerirían niveles de potencia en megavatios, lo que plantea la necesidad de desarrollar sistemas avanzados, como micro-reactores.
De acuerdo con Chang, algunas pruebas de estos motores no pueden realizarse en la Tierra debido a limitaciones físicas, lo que implicaría desarrollar infraestructura experimental fuera del planeta.
Sobre ello, y en medio del alza sostenida en los precios del petróleo, Costa Rica vuelve la mirada hacia sus propias capacidades energéticas. En Guanacaste, se desarrolla desde hace más de una década un esfuerzo sostenido por posicionar al país en la producción de hidrógeno como alternativa estratégica.
El proyecto acumula ya 14 años de trabajo, busca aprovechar los recursos renovables en la provincia —como el sol y el viento— para almacenar energía en forma de hidrógeno, con la aspiración de reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Esta iniciativa no solo apunta a la soberanía energética, sino también a mitigar la vulnerabilidad del país frente a las fluctuaciones internacionales del crudo, que inciden directamente en el costo de vida.
Según lo señaló el Dr. Chang Díaz, Costa Rica ha logrado consolidarse como un referente en América Latina en esta materia, abriendo la puerta a nuevas aplicaciones productivas. Entre ellas, destaca el interés por incursionar en la producción de fertilizantes, un sector clave para la economía nacional.
Cómo se abordó previamente, las necesidades terrestres y las espaciales no son nuevas ni ignoradas por ello la pregunta central de la exploración espacial es la misma que ronda la política pública en cualquier país: ¿Por qué gastar en el espacio cuando hay problemas en la Tierra? El Dr. Franklin Chang Díaz, argumentó que la tecnología espacial y los problemas terrestres son en realidad, el mismo problema.
A lo largo del programa, Chang insistió en que la ciencia sin orientación ética no es suficiente. Lo formuló en sus propios términos: hace falta una "fibra moral" que decida para qué se usa el conocimiento.
Para ilustrarlo, mencionó el "Overview Effect", esa experiencia que describen los astronautas al ver la Tierra desde el espacio. Desde ahí arriba, la fragilidad del planeta se vuelve obvia. El problema es que no hace falta subir al espacio para verla.
Ahí está la contradicción que resaltó el programa: la humanidad ya domina la modificación de atmósferas. Lo está haciendo en la Tierra. Solo que de forma destructiva, no controlada.
“Estamos en esta nave espacial, la Tierra, que es la única nave que tenemos, y nos estamos afanando por desarmar el medio ambiente en que vivimos", Dr. Franklin Chang Díaz.
Asimismo destacó la importancia de no limitarse a ser observador, sino de participar activamente en el desarrollo tecnológico al trazar la importancia de la educación y la formación de nuevas generaciones en áreas técnicas, con el fin de integrarse a esta industria emergente en el país.
La pregunta que quedó no es aisladamente si ir al espacio o resolver los problemas en casa, es si la ética que se exige para intervenir en otro planeta puede aplicarse al que ya habitamos. El Dr. Franklin Chang Díaz sostiene la viabilidad de dicha aplicación.
En ese sentido, reflexionar la exploración espacial como un proceso en constante evolución, caracterizado por la convergencia de avances tecnológicos, intereses y desafíos, en donde la participación activa de naciones y la formación de una ciudadanía informada son elementos fundamentales para la definición del rol que la sociedad desempeñará en esta nueva fase de expansión humana.