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adversidad infancia

RADIO 870 UCR 10 de marzo del 2026

Lo que sucede en la infancia ¿influye en nuestra salud futura?

Guiselle Mora Noguera

guiselle.moranoguera@ucr.ac.cr

¿Sabía que no solo las situaciones traumáticas graves durante la infancia, sino que también los momentos de estrés y los vínculos afectivos inestables pueden marcar su vida actual?

Las situaciones tempranas de estrés pueden influir en la salud física y mental de una persona décadas después. Estos acontecimientos que pasamos desde la concepción y hasta los 17 años se conocen como adversidad temprana y pueden ser la causa de episodios de estrés, ansiedad y hasta enfermedades crónicas.

Así lo explicó Andrés Sequeira, del Centro de Investigaciones en Neurociencias de la UCR en una entrevista para el programa Saber Vivir.  Según el especialista, este periodo de la vida es relevante porque influye en el desarrollo biológico y emocional de las personas y puede marcar su salud a lo largo del tiempo. 

Las experiencias pueden ir desde hechos traumáticos como abuso, violencia extrema o la pérdida de un ser querido, hasta situaciones menos visibles pero persistentes, como el bullying, la negligencia emocional o vínculos afectivos inestables.

El investigador subrayó que muchas veces se piensa que la adversidad solo está asociada con eventos muy graves, pero también pueden influir experiencias cotidianas que se acumulan con el tiempo. “Hay cositas super pequeñas que se van acumulando y llevan a que en la edad adulta esa persona desarrolle ciertas características o vulnerabilidades”, señaló Sequeira.

Uno de los aspectos clave es que estas experiencias pueden dejar lo que el especialista denomina “heridas fisiológicas”, cambios en el organismo que no siempre se perciben de inmediato pero que aumentan la vulnerabilidad a ciertas enfermedades.

“Cuando una persona sufre adversidad temprana, ese estrés altera algunas cosas en su cuerpo: hormonas, neurotransmisores o incluso la forma en que ciertas células del cerebro se conectan”, explicó. 

Estas alteraciones no significan que una persona necesariamente desarrollará una enfermedad en el futuro, pero sí incrementan el riesgo. En particular, la investigación científica ha encontrado vínculos entre la adversidad temprana y problemas de salud mental como depresión, ansiedad o adicciones, así como con enfermedades crónicas.

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“No hay un determinismo: no es que pasó esto y entonces fijo va a pasar aquello, lo que ocurre es que se genera una vulnerabilidad que podría traducirse en una enfermedad en el futuro” -  Andrés Sequeira, Centro de Investigaciones en Neurociencias de la UCR.

El desarrollo o no de estas enfermedades depende de múltiples factores, entre ellos la genética y la historia de vida posterior. Aspectos como el acceso a apoyo afectivo, una alimentación adecuada, actividad física y entornos protectores pueden actuar como factores que reduzcan esos riesgos.

En ese sentido, Sequeira enfatizó que la salud debe entenderse de forma integral, sin separar mente y cuerpo. “Nosotros estamos tratando de hablar solo de salud. El cuerpo es uno y lo mental también se manifiesta en lo físico”, afirmó.


 

CONSTRUYENDO SALUD DESDE LO SOCIAL

El cuidado de la salud no es solo una responsabilidad individual, sino también social. Uno de los elementos clave es la construcción de redes de apoyo. El acompañamiento familiar, escolar o comunitario puede marcar una diferencia significativa en la salud y el bienestar de las personas.

“Tener una buena actitud ayuda, pero la actitud sola no nos cura, necesitamos cambios en nuestros estilos de vida”, señaló Sequeira.

Fomentar la comunidad es lo primero. “Los seres humanos somos individuos profundamente sociales y nuestras relaciones sociales tienen un valor biológico importantísimo”, explicó.

Según el investigador, las relaciones positivas influyen directamente en la percepción de bienestar, mientras que el aislamiento o las relaciones conflictivas pueden convertirse en fuentes importantes de estrés. “Si no tenemos buenas relaciones sociales, eso representa un agente estresante sumamente poderoso que puede enfermarnos”, afirmó.

Por esta razón, promover espacios de encuentro y participación puede tener un efecto protector frente a las consecuencias de la adversidad temprana. Estas redes pueden construirse desde diferentes ámbitos, como centros educativos, comunidades o grupos organizados alrededor de intereses comunes.

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“La construcción de redes sociales en niños, adolescentes o personas adultas tiene un importante efecto reductor de las consecuencias de la adversidad temprana y, si la persona ya desarrolló la enfermedad, también puede tener un efecto terapéutico”-  Andrés Sequeira, Centro de Investigaciones en Neurociencias de la UCR.


Estas redes no necesariamente implican grandes estructuras, sino espacios cotidianos donde las personas puedan compartir intereses o experiencias. Clubes de lectura, grupos de caminata, actividades culturales o iniciativas comunitarias pueden convertirse en entornos de apoyo.

“La estrategia pasa por identificar qué le gusta a cada persona y aprovechar eso para fomentar el contacto social”, explicó.

Además de los vínculos sociales, existen otras herramientas que ayudan a mitigar los efectos de las experiencias adversas. Entre estas, la atención psicológica, el ejercicio físico, el contacto con la naturaleza y actividades que generen bienestar emocional.

Para Sequeira, el mensaje principal es que, aunque la adversidad forme parte de la vida, existen caminos para cuidar la salud y el bienestar. “Sí, la adversidad temprana juega un papel importante en nuestra salud, pero si implementamos cambios en nuestra vida podemos reducir significativamente las probabilidades de desarrollar enfermedades”.