La victoria del diputado del partido Renovación Costarricense, Gonzalo Ramírez, se ha recibido con caras de enfado, impotencia y sorpresa dentro y fuera del Plenario.

Diputados evangélicos: moneda a la alza

La bancada del Partido Liberación Nacional dio todo su apoyo para sentar al diputado evangélico Gonzalo Ramírez en la silla presidencial de la Asamblea Legislativa. ¿Por qué está movida puede ser todo excepto una sorpresa? 

Por: David Bolaños

Las cartas se jugaron: un clérigo evangélico ocupa por primera vez la presidencia de la Asamblea Legislativa, el Primer Poder de la República.

La victoria del diputado del partido Renovación Costarricense, Gonzalo Ramírez, se ha recibido con caras de enfado, impotencia y sorpresa dentro y fuera del Plenario.

Aún así, esta cima de poder a la que han llegado los llamados partidos evangélicos de la Asamblea Legislativa es todo menos una sorpresa; en realidad, es un desenlace más en un proceso que lleva casi dos décadas fraguando en nuestro país.

Es cuestión de ver las estadísticas electorales: desde 1998, el apoyo a diputados de partidos evangélicos se triplicó.

Solo en las últimas elecciones nacionales, ocho de cada cien costarricenses votaron por los candidatos legislativos de Renovación Costarricense y Restauración Nacional.

Estos son los partidos de postura confesional en nuestro Congreso, a como lo define la Alianza Evangélica, grupo que reúne a la mayoría de congregaciones protestantes de Costa Rica. Antes de 1998, el único partido evangélico fue la Alianza Nacional Cristiana. La facción participó en cinco elecciones pero nunca pudo colocarse en la Asamblea.

Combo de temas y sedes

¿Qué cambió? Para entender el ascenso de Renovación Costarricense y Restauración Nacional hay que prestar atención a los principales temas que estos partidos definen como luchas por los “valores cristianos”.

“Los temas vida y familia han adquirido más protagonismo en los últimos años, pero yo creo que el pueblo en general, que es un pueblo que coincide en defender la vida antes de nacer, es un pueblo que coincide en defender la familia y el matrimonio entre hombre y mujer. De alguna manera pues han encontrado precisamente esa coincidencia con los diputados que hemos ido llegando en los últimos años y lo han visto y le han empezado a dar más importancia al tema” , indicó el diputado de Restauración Nacional, Fabricio Alvarado.

Este diputado asegura que los temas “provida” atraen más que a evangélicos; Alvarado dice que esa agenda llama también a católicos y no feligreses que se sienten identificados con esas posiciones. Fabricio Alvarado puede tener razón: el debate sobre derechos humanos ha sido notorio durante el último par de décadas, sobre todo por su reconocimiento en otros países. 

Por otro lado, y paralelo al apoyo creciente de los partidos evangélicos, la filiación a congregaciones protestantes en Costa Rica se duplicó entre el 2000 y el 2013, tal como indican registros de la Alianza Evangélica a los que tuve acceso.

Además, es imposible ignorar que las provincias donde Restauración Nacional y Renovación Costarricense han recibido más apoyo son, precisamente, las que tienen la mayor cantidad de congregaciones evangélicas: San José, Alajuela y Limón. Restauración Nacional ubicó un diputado en San José (Fabricio Alvarado), mientras que Renovación Costarricense logró dos representantes, uno en San José (Gonzalo Ramírez) y otro en Limón (Abelino Esquivel).

La cercanía que propician las iglesias evangélicas con las comunidades es un capital político gigantesco. Lo reconoce el diputado de Renovación Costarricense por Limón, Abelino Esquivel:

“Diríamos que han sido ejes vitales para que la gente los conozca. Entonces, es una dinámica que siempre está  y los líderes que van sobresaliendo poco a poco en la parte política, diay, la gente los ve como capitalizables, como buenos candidatos y confían en ellos. Obviamente que confían más en una persona que es de la casa y ha estado más cercana y no en una que aparece cada cuatro años pidiéndoles el voto”.

Abelino Esquivel aclara que su partido ha intentado, como dice él, “sacar al pez de la pecera”. Es decir, los partidos evangélicos se han involucrado en otros temas además de oponerse al aborto, el matrimonio homosexual; temas que se ven como amenazas a la vida y la familia, a los que él llama “el combo de la muerte”.

Es innegable que este tipo de discurso todavía es la médula de los partidos evangélicos. A final de cuentas, esa es una mina electoral suya y, a la vez, su propio freno.

Así lo explica el politólogo de la Universidad de Costa Rica (UCR), Gustavo Araya:

“Ellos, generalmente, llegan a la Asamblea Legislativa y a oponerse en el tema sustantivo para ellos, que es el tema del avance de los Derechos Humanos. Les facilita la labor a los diputados confesionales que cuando tengan que salir a rendir cuentas a sus feligresías principalmente, a su feligresía electoral, se reducen a decir 'impedimos que pasara tal derecho o impedimos que se diera tal votación'. A públicos más exigentes, que si eso les representa algún tipo de beneficio, no; todo lo contrario, eso les limita"

A pesar del creciente apoyo en las papeletas para diputados, los evangélicos no han logrado consolidar un candidato a Presidente de la República. En promedio, apenas una persona de cada centenar opta por un candidato evangélico desde 1998.
                
Aún así, los partidos evangélicos han traducido su poder de convocatoria a nivel local para ocupar más sillas en Cuesta de Moras. Este poder no ha pasado inadvertido para otros grupos políticos.

Relación más cara

No es un disparate que el Partido Liberación Nacional (PLN) haya apostado por el voto evangélico. 

Tampoco es la primera vez que esa relación se materializa en un puesto de dirigencia: no olvidemos cuando los verdiblancos pusieron a Justo Orozco a cargo de la comisión legislativa de Derechos Humanos en el 2012.

Tampoco hay que perder de vista aquella vez del 2007 –durante el gobierno de Óscar Arias–, cuando la Cancillería (casi) le donó ¢90 millones a la Fundación Asistencia Misionera Cristiana, que dirigía el diputado de Restauración Nacional en ese entonces, Guyón Massey.

Hay que destacar que Massey desistió de recibir la donación, después de muchos cuestionamientos.

La gran movida más reciente fue Alianza por San José, el experimento político de Johnny Araya y Paula Vargas (pastora evangélica y esposa de Gonzalo Ramírez, el cual arrasó con las elecciones por la alcaldía de San José en el 2016. Posteriormente, Araya regresó al PLN para empujar las aspiraciones presidenciales de Antonio Álvarez Desanti.

Aunque la postulación de Gonzalo Ramírez  a la presidencia del Congreso incluyó votos de otros partidos políticos, el esfuerzo principal vino de los verdiblancos. Por esa razón, el diputado de Alianza Demócrata Cristiana (ADC), Mario Redondo, dijo a reporteros de La Nación que la bancada del PLN “impuso” a Ramírez como candidato del bloque opositor.

Este será un año de alianzas centrales para el 2018 y los partidos políticos buscan tener la mejor mano de cartas.

Que el PLN apueste por el voto evangélico es parte de la tendencia, no un quiebre en ésta. La diferencia es que los votos son más valiosos, por lo que debe pagarse más a cambio de ellos.            
 

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